Infancia - Adolescencia

Mi hijo no me hace caso, reniega de todo y hasta me falta el respeto…

Publicado el

Fanny-ataca-abuela-da-extensiones_MDSVID20130131_0098_3 (1)

Los adolescentes experimentan un ritmo de vida tumultuoso. La ansiedad por la presión de sus coetáneos, la escuela, las citas y la dinámica familiar tienen un efecto en los adolescentes y la forma en que se comportan. Cuando surgen problemas significativos, es necesaria la intervención. Aprender acerca de algunos de los mejores tipos de intervenciones para ayudar a los adolescentes con problemas de conducta es uno de los primeros pasos en el camino hacia el cambio.

No obstante ya sea, bien por una poco o nula implementación de límites, o bien, por un desarrollo que se vea afectado por hechos precipitantes (separación de los padres, pérdida de unos de los progenitores, etc.) puede dar lugar un Trastorno Negativista Desafiante, para el cual vas a necesitar soporte externo.

La conducta de oposición puede tomar diferentes formas, desde la pasividad extrema (no obedecer sistemáticamente mostrándose pasivo o inactivo) a sus formas más extremas, es decir, verbalizaciones negativas, insultos, hostilidad o resistencia física con agresividad hacia las figuras de autoridad, ya sean los propios padres, maestros o educadores.

La conducta desafiante y de oposición de inicio temprano suele ser persistente y puede ir asociado a diferentes tipos de patología infantil y adolescente. En la adolescencia y posterior vida adulta, el niño con antecedentes negativistas u oposicionistas es un claro candidato a desarrollar un trastorno de la personalidad antisocial si no conseguimos regular antes estas manifestaciones.

Por todo ello, no se trata de un trastorno más, sino uno de los problemas de conducta clínicos más serios en niños. De no abordarse de forma rigurosa y eficaz, condena a quien lo sufre a una probable carrera de problemas sociales, legales y de marginación.

El DSM-IV-TR (APA, 2.000), define el Trastorno desafiante por oposición (TDO) como “un patrón recurrente de conducta negativista, desafiante, desobediente y hostil hacia figuras de autoridad que se mantiene por lo menos durante seis meses.”

Los comportamientos negativistas y desafiantes se expresan por una terquedad persistente, resistencia y mala tolerancia a las órdenes, negativa a comprometerse, ceder o negociar con adultos o compañeros. Igualmente hay una tendencia deliberada a sobrepasar los límites o normas establecidas, aceptando mal o culpabilizando a otros de sus propios actos.

La hostilidad puede dirigirse hacia las figuras de autoridad pero, también, hacia los compañeros. Se manifiesta molestando deliberadamente a los otros sin causa aparente o por motivos insignificantes. En estos episodios suelen aparecer insultos o palabras despectivas hacia las otras personas pero sin llegar aún a la agresión física. En el caso que se supere este umbral y se produzcan conductas abiertas de agresión a otro, estaríamos, probablemente ante un trastorno disocial.

Como señala el DSM-IV-TR: “Los comportamientos perturbadores de los individuos con un trastorno desafiante por oposición son de una naturaleza menos grave que aquellos individuos con un trastorno disocial y normalmente no incluyen agresión hacia personas o animales, destrucción de la propiedad o un patrón de robos y engaños.”

Parece razonable pensar, y así lo demuestran algunos estudios, que podrían estar implicados diversos factores. Entre ellos destacan los que sitúan el peso en la naturaleza de los primeros intercambios recíprocos que se producen entre el niño y los adultos significativos de su entorno, en especial, los padres y otras figuras con autoridad (maestros, etc.). De esta forma, cuando los niños actúan de forma desafiante, oposicionista, negativista o agresiva hacia sus padres, dicha conducta puede suponer consecuencias positivas inmediatas para las partes. Por un lado, terminan las demandas y la coacción (hacia los padres) y supone la obtención de algo deseado por el niño. El resultado es que estas conductas se fortalecen y entran en una escalada de frecuencia y magnitud en su ocurrencia.

Respecto a las variables de los padres, la inmadurez, la falta de experiencia con respecto a la educación o unos modelos coercitivos y violentos suelen estar presentes en las familias de estos niños. También se señalan, los conflictos maritales (en especial si hay malos tratos), la labilidad emocional, la depresión materna y presencia de psicopatología parental. 

Otro factor de riesgo relevante en los trastornos negativistas, oposicionistas y agresivos, en general, es el del abandonamiento del niño en la primera infancia por parte de los padres. Los lazos afectivos no establecido en las primeras etapas del desarrollo constituyen un elemento desestabilizador del temperamento infantil incipiente. Ello unido a una vulnerabilidad genética (historia de enferemedad mental en la familia biológica) podría explicar gran parte de la sintomatología. 

Así, pues, las familias desestructuradas que viven en entornos empobrecidos y de marginación social suponen un riesgo añadido para los niños que viven en ellos, si bien, el trastorno puede darse en cualquier estrato social.

Tratamiento

El tratamiento fundamental del TND es la psicoterapia individual, familiar y grupal e implica trabajar con el niño o adolescente y los padres.

Psicoterapia individual

La psicoterapia individual suele emplear un enfoque cognitivo conductual para aumentar la capacidad del paciente para resolver los problemas y sus habilidades de comunicación y de control de la ira y el impulso.

Terapia familiar

La terapia familiar tiene a menudo como objetivo la introducción de cambios en la familia, como por ejemplo, mejorar la capacidad de comunicación y fomentar la interacción entre los miembros de la familia. La crianza de estos niños puede ser una tarea muy difícil para los padres, quienes necesitan apoyo, comprensión y habilidades que les permitan desarrollar enfoques más eficaces para la crianza de los hijos.

Terapia grupal

La terapia de grupo con niños o adolescentes de su misma edad y problema, a menudo, se centra en el desarrollo y utilización de las habilidades sociales e interpersonales.

Psicofármacos

Si bien los psicofármacos no se consideran eficaces para el tratamiento del TND, pueden utilizarse sólo si otros síntomas o trastornos están presentes (que es más la regla que la ex- cepción) y responden al medicamento.

Junto con la terapia, se puede recomendar alguna intervención farmacológica para tratar de controlar las conductas negativistas desafiantes y su comorbilidad (Depresión y/o Ansie- dad).

Estrategias efectivas para el manejo de pacientes con TND en la escuela y la casa

1. Explore y escriba cómo el paciente percibe las reglas y figuras de autoridad.

2. Fomente un mayor nivel de confianza con el chico (a) mediante un consistente con- tacto visual (véalo a los ojos al hablar con él) escuchando activamente, (repetir lo que él –ella- le dice, siendo amable para ayudarlo a incrementar el descubrimiento de pensamientos y sentimientos.

3. Reconozca y elogie las conductas apropiadas e ignore los comportamientos indeseables superficiales.

4. Contribuya a restaurar su autoestima (no le juzgue).

5. Explique a los padres y profesores que siempre es mejor reconocerle las conductas positivas que castigarlo por conductas negativas, no aplicar castigos excesivos o de- masiado rígidos ya que pueden provocar la aparición de respuestas agresivas por par- te del chico (a). Por ejemplo, no castigar sin ver TV por un mes si no se puede cumplir.

6. Comente a los padres y profesores que es mejor escuchar al chico (a), si hubo algún problema es necesario darle la oportunidad de que explique sus razones, a fin de entender por qué actuó de determinada manera.

7. Establezca y escriba qué comportamientos considera que son aceptables o inacep- tables, para sus profesores, compañeros y familia, platíquelo con el paciente para que esto promueva las conductas prosociales (ayudar a otros) y de cooperación.

8. Anímelo a que identifique y hable sobre la conexión entre sus sentimientos y sus conductas desafiantes, negativistas y hostiles; lo mismo que de los sentimientos aso- ciados a las conductas prosociales y de cooperación.

9. Recuérdele que el respeto que pide para él (ella), es el mismo que debe ofrecer para los demás.

10. Identifique los desencadenantes o causas de los sentimientos de enojo, pregunte al chico (a) y elabore una lista de los individuos y situaciones que le generan sentimien- tos de enojo y las razones para esto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.