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Las corazas emocionales. ¿Te atreves a eliminarlas?

coraza emocional. Existen personas que fijan su experiencia y las relaciones con los demás mediante la queja. Quejándonos nos convertimos en víctima, y buscamos la empatía e de los demás.
Coraza amocional

En tu entorno seguro que tienes a varias personas que jamás has visto llorar, que utilizan la queja emocional o parecen saberlo todo.
¿Conoces a alguien así? ¿Te recuerda a alguien? ¿Quizás a ti? ¿Te has preguntado alguna vez como se siente esa persona? ¿Crees que no llora porque es feliz? ¿O que da consejos porque lo sabe todo?

Y tú ¿cómo te sientes frente a ella?

Básicamente, es posible que sea una forma de autodefensa ante un mundo que ven como hostil y ante el que se siente indefensos y necesitan defenderse.

Verdaderamente durante nuestra infancia hemos aprendido a vivir de acuerdo a lo que nos enseñaron nuestros padres, pero nuestro día a día, incluso de pequeños, no está exento de situaciones difíciles. Así, empezamos a construir un caparazón como el de los caracoles donde escondemos nuestras emociones, nuestros pensamientos y deseos.

coraza emocional. Existen personas que fijan su experiencia y las relaciones con los demás mediante la queja. Quejándonos nos convertimos en víctima, y buscamos la empatía e de los demás.
Efecto cebolla emociones

Posteriormente, poco a poco vamos reforzando esa frágil estructura y nos vamos sobreprotegiendo con una fuerte “coraza” ante cualquier situación difícil que nos cuesta gestionar. Creemos que nuestro caparazón nos va a proteger la próxima ocasión que ocurra algo parecido, una separación, un abandono, un malentendido con los amigos o familia… al final, no nos atrevemos a afrontar nuestras emociones negativas y, capa sobre capa, el efecto cebolla, vamos construyendo esa fuerte coraza que nos separa a del exterior. Aparentemente, nos volvemos más fuertes, pero… ¿crees que es así?. Seguramente es todo lo contrario, es solo una ilusión, una expectativa que nos protegí, pero nos aísla del mundo.

Sin duda, la coraza intenta protegernos de la “gente mala”. Pero… cuando la gente que nos ama también nos hace daño conseguimos realmente “amurallarnos” en nuestro interior. Finalmente, el yo queda sepultado bajo esa muralla y no somos capaces de reconocer nuestras propias emociones y sentimientos.
El “YO”… el que todo lo puede

Frecuentemente nos sentimos fuertes y poderosos, o todo lo contrario. Pero ese yo es el que tiene la respuesta adecuada para todo.  Justifica constantemente la manera de actuar y no se permite el lujo de escuchar a las otras personas. Con el tiempo vamos construyendo esa muralla. Nos sentimos con la ilusión de control, vamos creando límites emocionales hacia fuera, pero también hacia dentro.

La ilusión de control es otra mentira. En el fondo nuestro objetivo es controlar lo que está fuera de nosotros: el mundo externo. No estamos interactuando con el otro, sino con nosotros mismos. Nos guía la idea de que podemos guiar las emociones ajenas y las propias.

Al final, las murallas nos hacen sentir insatisfechos con todo y con todos: la pareja, los amigos, los compañeros de trabajo. El mundo en general, ya que todo es injusto y no se adecua a las expectativas personales.
Por lo tanto, la armadura que nos protege también nos limita. Las corazas podrán ilusionarnos y ayudarnos a pasar situaciones complejas. Pero suelen funcionar como la balsa que nos permite atravesar ciertos ríos embravecidos. En tierra firme, si en vez de abandonarla, cargamos con ella, se convierte en fuente de cansancio y de sufrimiento. Lo que casualmente es lo que queremos evadir al utilizar la coraza.

Los blindajes que más utilizamos, que en muchos casos dan lugar a perfiles tóxicos:

– “El logrador”. Lo consigue todo, acostumbra a ser rígido, no vamos a poder relajarnos ni mostrarnos realmente como somos. Podemos llegar a sufrir de dependencia emocional con estas personas, por lo que estaremos mucho tiempo a su lado, ya que sentiremos mucho miedo a no contar con ellos: “con todo lo que hace, ¿Cómo voy a poder estar si él/ella?.

– “El serio”. Este perfil lo usaremos en determinados momentos, hablando de la metáfora de la cebolla, serían las capas más externas. Hay más capas, mucho más profundas, pero la seriedad identificaría las más superficiales. Son bastante transparentes estas primeras capas, las vamos a usar en diferentes situaciones, pero buscaremos e siempre el momento más oportuno.

– “El sabelotodo”. Esta coraza permite una ilusión: “si se lo que va a pasar, me puedo proteger de las amenazas que puedan aparecer”. Así, una vivencia negativa que hemos vivido nos une a este tipo de armadura y la volveremos a utilizar en el futuro. También se queja de todo, va a tener una opinión sobre cualquier tema y, evidentemente, su visión es más cierta y con fundamentos que la tuya. Va a tratar de imponer su criterio a cada paso.

– “El negador”. Ven el mundo desde el punto de vista pesimista y desde el no. La negación se convierte en una protección contra el dolor, la pérdida y/o el cambio. La negación es su herramienta para “adaptarse” (aparentemente), se niega a reconocer aspectos que le produzcan dolor y, lejos de aceptar el sufrimiento, van a utilizar su coraza para cubrirlo.

¿Cómo salimos del caparazón, como rompemos las murallas o corazas?

Podemos sacar todo ese dolor gota a gota, caricia a caricia, aceptándolo y aceptándonos; queriéndonos.

Al principio será difícil. Son muchos los años de oscuridad en los que nos hemos acostumbrado a vivir en nuestro caparazón. Pero, si entendemos que las emociones son necesarias, nos ayudan y protegen, podremos confiar y deshacernos de décadas de llantos apagados y miedos ocultos.

Niños pequeños buscando una mirada de aceptación, de permiso. Palabras no dichas, caricias perdidas y halagos silenciados en exigencias desmesuradas.

Cierra los ojos y recuerda que evitó que lloraras, que protestaras, que opinaras….

Las personas que parecen más fuertes suelen ser personas que se muestran así por miedo a no ser entendidas, a derrumbarse y a no saber como salir de un laberinto de emociones que no conocen. Sin embargo, el poder hablar con alguien que no nos juzga, que nos acepta y entiende, nos libera de una carga demasiado grande para poder ser soportada por mucho tiempo.

Si te sientes triste, te enfadas con frecuencia o tienes miedo por motivos aparentemente inocuos o desconocidos, quizás sea el momento de empezar a expulsarlo todo. Si es importante para ti, merece ser atendido y respetado.

La terapia transforma cada lágrima en una caricia y cada miedo en un abrazo protector. Poco a poco te hace sentir querida para aprender a quererte, te protege mientras vas descubriendo que es lo que te impide expulsar lo que guardas en tu interior y, a ser el

Adulto que cuida de tu Niño Interior con cariño y comprensión.

Finalmente, tu coraza se va transformando en una fina membrana que intercambia paz y serenidad con el Mundo sin dejar de sentir emociones, porque ya no son peligrosas, porque formas parte de ti, y eso es lo que nos hace especiales, únicos.

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